Japón me enseñó que el umami no tiene traducción
Técnica

Japón me enseñó que el umami no tiene traducción

20 Abril 20268 min de lectura

Pasé tres semanas en la costa de Iwate aprendiendo de un maestro de dashi de cuarta generación. Lo que descubrí allí cambió para siempre mi relación con el agua.

El maestro Tanaka tenía ochenta y tres años y nunca había salido de su prefectura. Cuando le dije que venía de España para aprender dashi, se rio. No una risa burlona. Una risa de alguien que sabe que lo que va a enseñar no puede ser aprendido, solo experimentado.

El dashi es agua con dos ingredientes: kombu y katsuobushi. Parece simple hasta que entiendes que el kombu debe sumergirse en agua fría durante exactamente el tiempo que tarda en lloviznar una mañana de otoño. Y que el katsuobushi se añade cuando el agua empieza a formar burbujas del tamaño de los ojos de una sardina.

"No hay medidas. Hay observación. Hay paciencia. Hay una relación con los ingredientes que no se puede escribir."

Traducción: no hay medidas. Hay observación. Hay paciencia. Hay una relación con los ingredientes que no se puede escribir en un libro de recetas.

Volví con cuatro tipos de kombu en mi equipaje y la certeza de que mi cocina necesitaba más silencio. Más espera. Menos ruido. Menos Instagram.

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